Por Mónica Huancollo

En un galpón de 500 metros cuadrados, ubicado en un espacio vacío del municipio paceño de Viacha, pasó noches en desvelo—por más de seis meses— Daniela Valencia, ingeniera agrónoma, quien tras una larga investigación, logró aplicar la avicultura en la altura con respeto y amor a los animales y producir huevos de colores ecológicos.
Todo empezó cuando trabajaba como auxiliar de docente y, al mismo tiempo, realizaba su tesis en la Estación Experimental de Patacamaya, dependiente de la Facultad de Agronomía de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
En este centro de investigación logró adaptar unas 100 gallinas de la línea Isa Brawn, Rode Island Red y las Leghorn (aves de los huevos de colores) al ambiente frio y de altura de Patacmaya, localidad paceña
Con el éxito de la investigación, decidió transformar su tesis en un emprendimiento agroecológico en Viacha, donde el desafío era mayor.
En este lugar, la agrónoma debía adaptar a 1.000 gallinas de los huevos de colores al clima y a las condiciones de Viacha
Daniela dormía poco, una o dos horas; tampoco comía bien, pues tenía que estar pendiente y extremar los cuidados para que las gallinas bebés criollas y pollos mejorados de la raza Isa Brawn puedan sobrevivir y adaptarse a la altura.
La agrónoma, incluso dormía junto a ellas, en un colchón improvisado en el galpón de 500 metros cuadrados. Lo hacía para estar alerta ante cualquier ruido o evento que pueda significar un riesgo para los pollos, que solo tenían cuatro días de nacido.

“Me levantaba rápido si escuchaba ruido, pues podría significar que los pollos se estaban aplastando. Entonces, no dormí y estuve así durante seis meses. En ese sitio no había nadie alrededor, solo estábamos mis gallinas y yo”, cuenta Daniela en una entrevista con la revista Historias de Valor de 24Sietenoticias.
MOMENTO DE LA CRISIS
Sin embargo, pese a los cuidados extremos —similares a la de una mamá con su hijo recién nacido— algunos pollos murieron.
La tasa de mortalidad llegó a un 30%. En ese momento Daniela se preguntó qué estaba “haciendo mal”. Su corazón se entristeció y lloró de impotencia al ver a los pollos morir de repente.
Nuevamente consultó textos sobre adaptación de aves a la altura, preguntó a docentes para saber en qué estaba fallando.Era un momento crítico para ella, pero el propósito por el cual había decidido emprender no podía perecer.
“Nuestro propósito era producir alimentos con amor, responsabilidad y respeto a los animales, siendo amigables con el medio ambiente y no nos podíamos rendir, así que seguimos, pese al cansancio y la tristeza” afirma.
Daniela, durante su formación académica en la UMSA, había visto el sufrimiento de las aves en las granjas industriales de avicultura, con sus picos cortados y las plumas secas.
Eso la entristeció, así que ella pensó en una iniciativa para producir alimentos, sin sufrimiento animal y que la gente conozca el esfuerzo que hace el agricultor del campo para sembrar y cosechar para que en las ciudades no falte la comida.
EL GALLO ABRAZADOR
En medio de esta tempestad, su principal consolador y motivador fue “Abrazador”, un gallo k’ara kunka, (ave criolla y desplumada en la parte del cuello),
La agrónoma recuerda que este gallo se subía a su espalda y a sus hombros y con su cuello acariciaba su cara y sentía que el animal lo abrazaba, por esa razón lo bautizó como “Abrazador”.
“Abrazador es muy tierno, era como con un gallo terapia, también las gallinas, parece que entendían mi esfuerzo y eran muy tiernas”, menciona.
“HIJA ERES VALIENTE”
Con todo lo que vivió la agrónoma durante los últimos seis meses, su padre, Marcelino Valencia, no se había equivocado cuando le dijo: “hija eres muy valiente”.
Sus padres soñaban con otra profesión para ella, así que se sorprendieron cuando Daniela, oriunda de la localidad paceña Ex Fundo – Santo Ipina, les explicó que sería ingeniera agrónoma.
“Mis padres esperaban una hija con traje, no agrónoma, pero, al final, mi papá me dijo: ‘eres muy valiente'”, recuerda.
PROPÓSITO LOGRADO
El esfuerzo de Daniela está dando resultado. Es más, ahora ella recoge los frutos de su cosecha en la granja ALVA, Huevos Agroecológicos en Viacha, su emprendimiento.

La primera producción de huevos ya se comercializa en distintos puntos de La Paz, uno es en Zona Nutria, en la avenida 6 de Agosto, Sopocachi.
La agrónoma asegura que se puede generar ingresos con propósito y responsabilidad.La iniciativa de Daniela cuenta con el apoyo del Departamento de Emprendimientos e Innovación Universitaria de la UMSA.